Hojeando un viejo libro de comunicación organizacional* que usé hace años como referencia en mis clases, encontré una lista de requisitos para elaborar buenos textos que puede aplicarse perfectamente en el trabajo de desarrollo de contenidos hoy día. Lo que sigue es un resumen de esa lista, utilizable como checkpoints a la hora que edites, antes de que publiques.

  1. Cuidado y precisión. Pocas cosas pueden dañar más tu credibilidad como comunicador que los errores y las imprecisiones. Un nombre equivocado, un dato incorrecto, una cita mal copiada o atribuida a alguien que no es el autor, un error de puntuación o una falta de ortografía pueden dar al traste con todo un contenido bien estructurado y desarrollado.
  2. Consistencia. Nos referimos básicamente al estilo de escribir y la forma de presentar las ideas. Los cambios en el tipo de palabras usadas, la forma de mostrar datos (gráficas de pastel o tablas, p. ej.) o de organizar los conceptos, en una sola pieza de contenido, pueden desconcertar a tus receptores y llevarlos a confusiones y a la pérdida de atención.
  3. Claridad. Lograrla implica:
  • Utilizar palabras simples, de uso común entre el público al que va dirigida la información.
  • Evitar las oraciones largas y complicadas. Más allá de 20 palabras pueden resultar difíciles de seguir para lectores o escuchas no avezados en el manejo de contenidos que requieran algo de concentración.
  • Elaborar párrafos cortos. En el “escaneo” visual que hacen los lectores hoy día, sobre todo cuando usan las redes sociales, los párrafos largos desmotivan, independientemente de la calidad del contenido.
  • Y, sobre todo, tener claro lo que se quiere decir. Por eso, es muy importante hacer un esquema o un mapa de lo que se busca decir antes de ponerse a elaborar el mensaje. Este esquema puede servir más tarde para la elaboración de la tabla de contenidos, imprescindible en piezas escritas de más de cuatro páginas.
  1. Coherencia. Una vez teniendo claro lo que se quiere decir hay que decirlo de manera lógica, que tenga sentido. Es necesario distinguir entre premisas y conclusiones, y desarrollar los argumentos con orden. En esta línea, te recomiendo mucho Las claves de la argumentación, de Anthony Weston, publicado por Ariel.
  2. Concisión. Hay que releer para editar, es decir, eliminar lo no indispensable, y hacerlo más de una vez para “exprimir” muy bien el mensaje y quedarnos con lo esencial.
  3. Completitud (palabra fea, ciertamente, pero efectiva: se refiere a la cualidad de completo). Este punto se refiere a no dejar nada en el aire. Hay que contestar todas las preguntas que dieron origen al mensaje; en periodismo, por ejemplo, serían quién, qué cuándo y por qué. También hay que contestar las que serían las preguntas básicas que suponemos que se harían los receptores al procesar nuestro mensaje.
  4. Creatividad. Es obligación y tarea de quien elabora los contenidos hacerlos tan interesantes como sea posible. El reto es desarrollar la creatividad sin rebasar las fronteras de la credibilidad. Para ello, el mejor camino es tratar de ser a la vez creativos (interés) y creíbles pero concretos al extremo.

Si eres un excelente escritor o desarrollador de contenidos, estos puntos te ayudarán a asegurar la impecabilidad de tus productos. Si no lo eres, te servirán para presentar resultados decorosos y legibles, protegiendo tu imagen y reputación.

¡Buena suerte!

Salvador R. Sánchez Gutiérrez

 

 * Wann, Al. 1999. Inside Organizational Communication. USA, International Association of Business Communicators. Pp. 221 a 225.  

 

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